La vivienda permite a las personas vivir con dignidad

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“Es la puerta de acceso a todo lo demás. Si una persona o una familia no cuentan con estabilidad, con una vivienda que ofrece unas condiciones dignas y que puedan pagar todos los meses, no se puedes plantear nada más. Si no saben dónde van a dormir o si le van a echar de la habitación, no pueden iniciar una búsqueda activa de empleo, cuidar la salud o preocuparse por la escolarización de los hijos …”

Lo explica, Eva Arrese, Responsable del Servicio de Vivienda de Cáritas Diocesana de Pamplona – Tudela. La vivienda, asegura, debe servir para normalizar, para vivir, para mejorar las condiciones de vida. A veces no lo valoramos, asegura Eva. Igual pensamos que alguien huele o que va muy mal vestido, pero es que vive en una habitación y no se ha podido duchar.

Tener una casa es la puerta de acceso a la seguridad, la dignidad, la higiene, la salud mental y física, la formación y el empleo o la recuperación de vínculos. La vivienda permite todo.

Con esta premisa, el Servicio de vivienda de Cáritas atiende cada día a una media de 6 personas. Trata de facilitar a la personas el acceso a vivienda apoyando con fianzas, entradas, pago primera mensualidad, alta en los suministros… todo lo que suponga el coste del acceso a una vivienda. También se ayuda a evitar la pérdida de una vivienda y se ofrece un servicio de orientación gratuito normalmente a personas que no pueden pagar una vivienda que compraron en su día. Se trabaja en coordinación con la Administración y las promotoras sociales. En el año 2017 se atendieron un total de 362 personas y se invirtieron 72.000€.

El objetivo de estas ayudas es siempre para dar el empujón, normalizar, apoyar.

En Cáritas, explica Eva, “Apostamos por la persona, pero si demuestra que quiere salir de la situación. La ayuda tiene que servir para algo, si la persona no está dispuesta a hacer nada, no tiene sentido. Cáritas no es un complemento de las ayudas de la Administración. Cáritas está para apoyar en momentos puntuales y acompañar. Sobre todo para acompañar”.

Muchas veces no podemos solucionar el problema económico, más allá de una ayuda puntual, pero les orientamos, escuchamos y apoyamos. “Un ejemplo, -nos cuenta Eva-, hace unos días, un hombre que había hecho un recorrido de habitación en habitación, toda su vida. Le adjudican una vivienda de alquiler social, con un proceso enfermedad degenerativa. Decidimos apoyarle, con la fianza, altas de suministros, cama. Estaba solo, sin apoyos. ¿Cómo va a dormir en el suelo, si anda con sus muletas?. Un voluntario le ha ayudado a montar la casa. Está encantado porque la vivienda le ha posibilitado que los últimos días de su vida puedan ser buenos.

Fotografía: Annie Spratt. Unsplash

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